
El storyboard siempre fue la herramienta más barata para descubrir que una idea no funciona. El problema era que dibujarlo requería tiempo o presupuesto, así que muchos proyectos pequeños llegaban al rodaje improvisando.
Sección 01
Del guion al plano
Divide el guion en planos numerados con su descripción, tipo de encuadre y duración estimada. Ese documento ya vale por sí solo; las imágenes vienen después.
Al generar, describe encuadre y luz con vocabulario de cine —plano medio, contrapicado, luz lateral suave— en lugar de adjetivos artísticos. Los resultados son mucho más útiles para el equipo.
Sección 02
Mantener la coherencia visual
El mayor fallo es que cada viñeta parezca de otra película. Fija una imagen de referencia y reutilízala como base para el resto de planos.
Para personajes recurrentes, describe siempre los mismos rasgos y vestuario en cada indicación. Sigue sin ser perfecto, pero basta para comunicar intención.
Sección 03
Usarlo con el cliente
Deja claro que el storyboard indica composición y ritmo, no el acabado final. Un cliente que confunde ambas cosas espera después un vídeo idéntico a las imágenes generadas.
La conversación cambia por completo: se discute el orden de las escenas antes de gastar un día de rodaje, que es exactamente el objetivo.
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