
El problema de los chatbots nunca fue la tecnología, sino la ambición: se les pide resolver el 100% de las consultas y acaban bloqueando al cliente que solo quería hablar con una persona. Un buen asistente se diseña al revés, empezando por dónde debe rendirse.
Sección 01
Define qué responde y qué no
Saca el listado de los últimos trescientos tickets y ordénalos por frecuencia. Verás que entre seis y diez preguntas concentran más de la mitad del volumen: horarios, estado del pedido, devoluciones, facturación, cambios de plan.
Ese es el territorio del bot. Todo lo que implique dinero fuera de política, reclamaciones o datos personales delicados debería escalar a un humano de inmediato, sin insistir tres veces.
Escribe explícitamente en las instrucciones qué debe decir cuando no sabe: una frase corta, sin disculpas interminables, y el paso siguiente concreto.
Sección 02
La base de conocimiento manda
Un asistente solo es tan bueno como la documentación que lee. Si tus políticas de devolución están en tres sitios distintos y contradicen entre sí, el bot elegirá la peor combinación posible.
Consolida la información en documentos cortos, con fechas de actualización, y trata esa base como producto: alguien debe ser responsable de mantenerla.
Añade siempre el enlace a la fuente en la respuesta. El cliente gana confianza y tú detectas rápido qué documento está desfasado.
Sección 03
Qué medir para saber si funciona
Las tres métricas útiles son: porcentaje de conversaciones resueltas sin humano, tiempo hasta la primera respuesta útil y satisfacción posterior. El volumen de mensajes no dice nada.
Revisa cada semana una muestra de conversaciones escaladas. Ahí está el material para mejorar el sistema, no en los casos que salieron bien.
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